Nota de la Revista “OLÉ” del 06/01/2014

Desde España, el nuevejuliense Juan Pedro “Oso” Gutiérrez contó de su lesión y de los inevitables vaivenes anímicos que provoca la inactividad en una interesante nota publicada ayer en el diario deportivo “Olé”. “

Surgen dramas existenciales”, confiesa. El regreso a la ACB, el cambio de rol y el equilibrio emocional como principio.

Es difícil encontrar en el ambiente del básquet una persona más centrada que Juan Gutiérrez. Desde chico siempre supo darle el valor justo a las victorias y a las derrotas. No enloquece de felicidad en las buenas ni entra en pozos depresivos en las malas. Tiene un principio que, a sus 30 años, ya no negocia: disfrutar de lo que hace. Y posee la suficiente madurez como para exceder las circunstancias deportivas sin perder salud en el camino.

El tema es que, por culpa de una lesión extendida (rotura fibrilar en el gemelo de su pierna derecha), no está pudiendo ganar ni perder: no está pudiendo disfrutar. Y entonces las dudas, las inseguridades, la distancia. “La verdad que es difícil. Más allá de que desde la última lesión pasó solamente un mes y medio, en realidad vengo padeciendo desde tres semanas antes de eso. Y se hace pesado. El hecho de que al equipo le vaya bien está buenísimo, pero a la vez duplica mi ansiedad por querer regresar y aportar lo mío. No es fácil. Hay muchas cosas con las que tuve que lidiar a nivel mental”, arranca el pivote en su mano a mano con Olé.

-Vos siempre te mostrás de buen humor y positivo. ¿Esto te tiró un poco abajo?

-(Piensa). Mirá, las lesiones son lo peor que le puede pasar a un deportista, muy por encima de cualquier derrota. Entonces se hace muy difícil ser optimista.

Por suerte, acá encontré un lugar en el que me supieron dar el respaldo que necesitaba. Sobre todo cuando tuve la recaída de la lesión original. Porque ahí me caí. Me dijeron que no me coma la cabeza y que me preocupara sólo por recuperarme. Que no había apuro. Por suerte me bancaron. Ahora que ya estoy por volver (NdR: en el último juego ante Cajasol se cambió con sus compañeros) y entrenó a la par de los demás, enfrento un nuevo problema: recuperar la forma después de casi dos meses de no jugar. Pero ya es otra historia.

-Digamos que estás atravesando un panorama distinto al que imaginaste…

-Sí, está claro. En los últimos años las lesiones me habían respetado bastante. En Obras, hasta el último año no me había perdido ningún partido y estaba contento con eso. Es más, cuando llegué acá después del Premundial me estaba sintiendo cada vez mejor, como que me había empezado a meter en la dinámica del equipo (Iberostar Tenerife). Esto fue un paso atrás, sin dudas. Pero bueno todavía queda mucho.

-En cuanto al nivel de la liga, ¿con qué esperabas encontrarte y con qué te terminaste encontrando?

-Encontré lo que esperaba. Había escuchado que la ACB había bajado un poco el nivel y lo comprobé. Es verdad. Pero tampoco es tan grave y tiene que ver con la situación que pasa España. De todas maneras hay equipos que lejos de bajar el nivel lo elevaron y el escenario queda compensado. Algo que no cambió, y que me encanta a mí, es que sigue siendo una competencia muy exigente. No sólo en los partidos: en el día a día se trabaja fuerte. Y bien. Estoy contento con la decisión que tomé de venir para acá.

-Una pregunta que nada que ver: ¿No te resulta ya un poco absurdo el abismo que hay entre el Real y el Barcelona con el resto de los equipos?

-Es cada vez más marcado y la tendencia seguirá creciendo. Por suerte el básquet es un deporte hermoso que permite que la lógica, en ciertas ocasiones, se rompa. Y haya batacazos. Hoy, por ejemplo, el Real Madrid no perdió juegos ni en la liga ni en Europa y es bastante superior al resto. Yo qué sé… Sigue siendo entretenida igual. Abajo del Real y el Barcelona, tenés entre diez o 12 equipos con posibilidades concretas de meterse en playoffs. Para nosotros es lindo eso. Nos mantiene motivados.

-Lograste lo que logran muy pocos jugadores, que es irse a Europa, volver, e irse de nuevo. ¿Se acortó la brecha entre ambas ligas o vos sos un caso especial?

-Jaja, no creo que mi caso sea especial. Sí creo que tuve suerte. La brecha se acortó, aunque tampoco demasiado. Y es importante considerar este punto: el salto de Argentina a España se complicó un poco en los últimos años. No por una cuestión de nivel, si no por una moda del mercado. Es como que se dejó de mirar para nuestro país. Entre el 95 y el 2005, por darte unas fechas estimadas, se tenía confianza ciega en el jugador argentino y sudamericano. Y hoy ya no es así. Es una cuestión de tendencias, de presupuestos… En fin. En este momento hay muchos jugadores buenos que traen del Este europeo, que son baratos y están cerca. Son momentos.

-¿Cómo se adapta un jugador para pasar de tener un rol protagónico a uno más secundario, con menos minutos, tiros y responsabilidades?

-(Piensa). A mí no me resulta difícil. Hago el cambio de chip cada vez que juego en la Selección. He interpretado diferentes roles y me adapto. Pienso que mientras exista la predisposición de uno, alcanza. Obvio que esto es un deporte, el ego pesa y hay que saber manejarlo. Yo nunca me volví loco por ese tema. Intento ayudar en lo que puedo. Es una enseñanza que me dejó Julio Lamas. El siempre decía: “Para todos es lindo ganar, pero hay que ver qué sacrificio está dispuesto a hacer cada uno para conseguirlo”. Y acá yo buscaré eso cuando me sume nuevamente al equipo: aportar lo que sea necesario para seguir ganando.

-Hace un tiempo declaraste que tu máximo objetivo era disfrutar todo lo que hacías. Bueno, ¿cómo sobrellevás momentos como éste en los que parece imposible disfrutar?

-Es difícil, surgen dramas existenciales. Yo elegí este cambio para mi vida profesional en un momento en el que tenía todo: no podía estar mejor en Buenos Aires. Es la verdad. Yo estaba en el club que quería, en el barrio que quería, con la gente que quería, rodeado de mis amigos, cerca de mi familia… Estaba en una nebulosa de felicidad. Pero el cuerpo me pedía buscar un nuevo desafío en lo personal. Entonces dejé todas esas muchas ventajas de lado y me vine acá. Y en menos de dos meses me lesioné… Fue un golpe duro. Realmente duro.

-¿Consideras que en la Argentina estabas un poco aburguesado?

-No, para nada. La Liga no te deja aburguesarte. Mi última temporada allá te lo confirma. Veníamos de jugar la final y nos ligamos un cachetazo que nos mandó a pelear el descenso. Fue un año difícil. Yo consideré que era un buen momento para volver a probarme acá, dar un salto de calidad. Y me la jugué. Quería intentarlo. Pero valoro mucho la Liga. Es más, si hubiera seguido allá, habría estado igual de tranquilo que hoy, que me vine a España.

en España



Los comentarios se encuentran cerrados